Una visita llena de riqueza, donde conocimos el lado opuesto a nuestra realidad, un lugar donde las personas injustamente tratadas por este país van a buscar una oportunidad de vivienda y de trabajo.
El distrito de Aguablanca fue fundado en 1972 con barrios formados por invasiones y construcciones en terrenos ilegalmente. Sus principales habitantes son personas de escasos recursos en mayoría desplazados del campo y del pacífico, que comenzaron a llegar a la ciudad de Cali después del terremoto de 1979. Este distrito está conformado por tres comunas, la 13, 14 y 15.
Las primeras familias que habitaron este distrito se ubicaron en el sector del Triángulo, luego de 1.980 apareció El Retiro y más adelante Comuneros I y IV, siendo estás las primeras comunas de Cali.
Aproximadamente en 1.982 aparece el Barrio el Vallado, este fue el barrio que visitamos los estudiantes de Comunicación y Sociedad de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, buscando hacer un reconocimiento de la geografía del barrio y convivir una mañana al lado de los habitantes de este lugar.
Todo comenzó el Sábado 3 de Septiembre del 2.011, nos reunimos en la Universidad a las 7 de la mañana, para estar saliendo en unas busetas a las 8 de la mañana al barrio. Ese día todos los estudiantes nos tuvimos que ir vestidos de camiseta blanca, blue jeans y tennis, evitando usar objetos de valor que tentaran a los ladrones (nuestro primer prejuicio antes de ir), ya que las personas de estratos 4, 5 y 6 como la mayoría de nosotros creemos que todo el tiempo nos van a robar, por lo tanto era mejor no tentar al diablo.
Aproximadamente a las 7:40 de la mañana, recibimos instrucciones del profesor, sobre las anotaciones que había que hacer en el lugar, de que nos íbamos a movilizar en grupo y que debíamos seguir todas la instrucciones de seguridad, ya que debíamos tomar fotos, pero cuidar las cámaras de que fueran demasiado evidentes. A continuación de esto dimos una cuota de almuerzo de 12.000 pesos, donde se incluía un refrigerio para cada uno, el almuerzo y la invitación a almorzar a una de las personas del barrio que nos iba a colaborar. Muchas de las personas pagamos la cuota entera, otras prefirieron no pagar su almuerzo, creo que más porque pensaban que sería algo poco agradable para ellos (complicados para comer) o sencillamente pensaban que era poco higiénico y de buena calidad; esa fue lo que percibe de esas personas.
Casi a las 8:30 de la mañana salimos de la universidad, aproximadamente a las 9 llegamos al barrio el Vallado, el sitio de encuentro con los habitantes era en la escuela de Fe y Alegría donde yo ya había ido a hacer trabajo social, entonces me sentí muy cómodo ya que concia el espacio de trabajo. La escuela es un lugar relativamente cómodo para estudiar, tiene un patio grande para jugar y una “cafetería”, pero lo que para mí es más interesante, menos común en este tipo de escuelas públicas era el centro cultural, es un espacio hermosa, decorado por los niños y profesores, en el cual se llevan a cabo clases de baile, expresión oral y corporal , manualidades, entre otras.
Recién llegados al lugar nos reunimos en el centro cultural, ya que los niños y los profesores planearon una actividad para mostrar las clases que se llevan a cabo en el lugar y también para invitar a los padres que no tienen a sus hijos matriculados en este lugar a que lo hagan. Esta muestra nos toco de suerte, no estaba prevista en nuestra visita, pero fue muy gratificante ver como los niños se tomaban su clase en serio, no les daba pena actuar, cantar, ni nada, ellos sólo lo vivían como una clase más de la semana.
En esa actividad hubo una pequeña niña que cautivo mis ojos, que me causo demasiada gracia y admiración, era una pequeña de aproximadamente 6 años que pertenecía al grupo de baile y de expresión oral y corporal, era increíble como a su corta edad era tan desinhibida, se presento una ves sola con una compañera a hacer una improvisación, que le salió bastante bien y no le importaba que su compañera fuera mayor que ella, pues se notaba físicamente. Lógicamente por su corta edad su voz no era la más potente, en muchos casos se perdía pero su actuación y su alegría hacían que ese detalle fuera sin importancia para mí.
Mientras se desarrollaban las muestras en el centro cultural, sucedió una situación muy particular, uno de los compañeros del otro grupo de Comunicación y Sociedad hizo un retrato de una niña, aproximadamente se tomo 20 minutos en hacerlo y cada minuto que pasaba más niños llegaban a ver fascinados y con ganas de ser los próximos modelos. Para estos chiquitines no era importante lo que pasaba en la presentación, toda su atención se concentraba en el lápiz de este personaje, y de cómo iba quedando su compañera. Fue impresionante de verdad la cantidad de niños que fueron llegando, más adelante dos compañeros más saciaron el deseo de los pequeñines, una hizo otro retrato de una niña y el otro pinto un grafiti con el nombre de una de las niñas, siendo este otro estilo de arte, los niños también quedaron encantados.
Después de esta actividad fuimos al comedor de la escuela, donde hay un pequeño patio encerrado por oficinas y salones, en donde ya estaban ubicados los habitantes del barrio, eran todas mujeres de diferentes edades y un sólo hombre. Esto me pareció realmente extraño ¿sólo un hombre? Porque esa situación tan particular, hasta este momento no lo comprendo, esperaba personas jóvenes del barrio, hombres y mujeres de todas las edades.
En este primer encuentro nos presentamos, tanto los estudiantes como los habitantes del Vallado, básicamente nosotros los estudiantes decíamos era “Mucho gusto, mi nombre es … y estudio tal carrera, les agradecemos mucho por recibirnos y dejarnos trabajar con ustedes”, lastimosamente fuimos un poco tímidos, mientras que ellas decían su nombre, lo que hacían, a qué grupo de ayuda al barrio pertenecían y también expresaban su agradecimiento por nuestra visita. Seguido a la presentación salimos de la escuela, para iniciar el corto recorrido por el barrio.
Sinceramente la primera impresión que tuve al salir por la puerta fue que era un barrio tranquilo, ese día estaba todo muy calmado, no se escuchaba tanta música a todo volumen en las casas, ni niños en la calle jugando, no personas pasando el rato en el lugar, la verdad no tenía nada que ver con las otras veces que fui al barrio en lo del trabajo social. En la caminata me mantuve casi que todo el tiempo con una joven de aproximadamente 34 años llamada Jenny, la cual contestaba todas mis dudas y preguntas, por ejemplo: cuando pase una cuadra entera note que muchas casas eran de tres pisos, y le pregunte, ¿cuántas personas habitaban esas casas? relativamente grandes, ella me contesto que en muchos casos, son personas que ya no tienen como mantener la casa completa y alquilan los pisos, esto quiere decir que en cada piso vive una familia, y que las familias pagan el arriendo por el piso. También me dijo que las casa ya más pequeñas son arrendadas o de familias completas, quiero decir con esto, que en esas casas no sólo vive la mamá, el papá y los hijos, sino también la abuela, las tías, las primas, en fin, eran batallones de familias viviendo en una casa. Otra cosa muy particular que no fui yo quien analizo, sino el profesor era que la mayoría de casas tenían dos o tres rejas de seguridad, una era la de la casa normal y otra la de la puerta y ventanas, se notaba el miedo por la inseguridad, ya que tenían que asegurar muy bien sus casas.
El barrio según la habitante que me acompañaba, maneja su propio comercio, los mismos habitantes montan sus locales en las casas y hasta crean competencia de productos entre ellos, por ejemplo las tiendas (mini markets), ella llamaba “el de los chécheres” a los lugares donde vendían tarros, baldes, juguetes, tarjetas de regalo, mochilas, en fin, una variedad amplia de cosas. También se podía encontrar en una cuadra dos o tres panaderías, que tenían también pequeñas competencias de personas con sus asadores en la calle, en donde vendían arepas, buñuelo, pandebonos, etc, hechos ahí mismo en medio del espacio peatonal.
Continuando con el recorrido encontramos un pequeño parque en el cual había una pequeña construcción en forma de semi-círculo en medio del parque, donde se encontraba una virgen y unas sillas plásticas enjauladas, ya que necesitaban evitar la tentación de los ladrones, que ni respetan las esculturas de la religión. En ese momento Jenny me comentó que las personas en el barrio eran muy devotas, que la mayoría de los Domingos celebraban la misa en ese parque, donde casi todos los habitantes del barrio asistían, hasta los que ellos sabían que pertenecían a pandillas internas del barrio. Ese último punto me pareció muy especial ¿cómo hacían los habitantes para compartir un momento tan especial y tranquilo, con pandilleros? Y ella me respondió, “es inevitable, ellos están aquí muchos son hijos de nuestras amigas y hay que aceptarlos”, esa respuesta me pareció más guiada por el miedo que por cualquier cosa, ya que me colocaba en sus zapatos y quien le va a decir a un niño de 14 años con un arma, “ándate de aquí” a mí también me daría susto.
Proseguimos con nuestro recorrido y nos encontramos con un personaje muy peculiar, un hombre en la azotea de su casa, creo yo, tocando sin camiseta un hermoso saxofón, del cual este personaje sacaba unas melodías hermosas, que acompañaba con sonrisas y saludos para su público. En esa casa el profesor identificó un elemento comunicativo muy especial por su ubicación, había una clase de altavoz en una varilla más alta que la casa, por la cual dedujimos que podrían escucharse a los animadores de fiestas, llamados de emergencia, en fin, pero la verdad no supe si realmente se usaba.
Continuando con la caminata Jenny me mostró a lo lejos el lugar donde se encontraba lo más inseguro y pobre del barrio, era el Valladito, así lo llamo ella, ese lugar a lo lejos se veía como un basurero en donde las personas desplazadas llegaban a vivir, colocando palos y plásticos para formar casas, donde la tierra se encontraba totalmente erosionada por la basura y en donde no había nada realmente atractivo. Ese espacio era un lugar aterrador por su inseguridad y por las condiciones en las que se encontraba, lo primero que pensé fue “¿cómo hacen los niños para sobrevivir en condiciones tan infrahumanas?” en donde los adultos según el relato de Jenny eran desempleados, que salían por la ciudad con carretillas, hurgando la basura todo el día, buscando ganar algunos pesos o para drogarse o para alimentar a sus familias. También me contaba que ni ellos se metían a ese lugar, ni ellos en el de ellos, respetaban unas fronteras imaginarias que ellos mismos delimitaron para separa sus tierras. De verdad esas personas si vivían en la extrema pobreza, ellos si eran los olvidados del gobierno, que pareciera que no conociera ni vivieran en esta ciudad, así como nos pasa (incluyéndome) a las personas de estrato 4, 5 y 6 de esta Cali.
Después de esto nos devolvimos a la escuela, ahí nos reunimos de nuevo en el patio de los salones y nos repartimos en parejas para trabajar con un habitante del barrio. Yo trabaje sólo con la señora Olga, una mujer desplazada de Sevilla que lleva más de 40 años viviendo en el distrito de Aguablanca. Está mujer llegó a Cali sola con su hija e hijo cuando ellos eran muy pequeños, su marido los había abandonado y ella se hizo las veces de madre y padre para estos dos pequeños.
Cuando Olga llegó al distrito, el pedacito de tierra que compro (actualmente sigue viviendo allí) le costó 28.000 pesos colombianos, en ese momento pensé “que terreno tan barato” pero me di cuenta que para ella ese poco de dinero fue renunciar a unos días de comida y empezar a construir con sus propias manos. Esta señora tan guerrera y entregada a su familia saco a sus hijos adelante, por medio de venta de materas con plantas, improviso en su propia casa un mini vivero, en el cual maneja desde flores, hasta árboles pequeños.
Actualmente está súper mujer vive sola, su hijo ya se graduó de una carrera técnica, está casado y mantiene a su familia, ya no vive en el distrito, vive en un barrio más cómodo y seguro. Su hija también está casada y vive fuera de la ciudad en Palmira – Valle, ella solamente se graduó del bachillerato, pero vive feliz fuera del distrito. La señora Olga me contaba que había alcanzado uno de sus principales objetivos de vida, que sus hijos no vivieran en el Vallado y que tuvieran una mejor situación económica, en comparación a la que tuvieron con su madre.
Otra historia de está amable mujer fue que su hijo ella actualmente no gana suficiente dinero por sus plantas, ya que a su edad le queda demasiado difícil ir a vender puerta a puerta como lo hacía unos años atrás, por lo tanto su hijo le manda 10.000 pesos de vez en cuando, algo que no le alcanza ni para dos días de comida, eso sí, me aclaro que la comunidad del barrio había conseguido que a las personas de la tercera edad se les regalara a diario un plato de almuerzo, ella lo expresó como una bendición para sus vidas.
Después de escuchar sus relatos difíciles de vida, le pregunte sobre la situación política y sobre algo que había escuchado en repetidas ocasiones, “¿es cierto que en Aguablanca se escoge el alcalde de Cali y que la gente vende su voto por unos platos de comida?” ella me responde: “yo no lo hago, pues creo que si escogemos a un mal alcalde, vamos a tener malos resultado, por lo tanto todos nos veremos afectado”, esto me hizo entender que todavía hay personas que así sean de un estrato bajo y que su nivel educativo no sea el más alto, sólo quieren lo mejor para esta ciudad, su único deseo es salir de la pobreza por medio de la ayuda de un represéntate político como el alcalde. Después le pregunte “¿porque la gente se vende por platos de comida?” y ella me respondió en una forma muy educada, es que ustedes nunca han sentido hambre de verdad, nunca han sentido el desespero de ver a tus hijos muertos de hambre y que un personaje, sea quien sea te ofrezca un mes de mercados, por un voto el cual no tiene ningún valor para ellos, pues es más importante comer, que saber quién es el político, es por eso que ellos se “venden”. Justo en ese instante pensé, “¿sería yo capaz de aguantar todo un día sin comer?, ¿Qué haría yo por comida, si sólo como una vez al día?, ¿me vendería por un plato de comida?” creo que si, porque el desespero de ver a tu familia con hambre, o que no puedo pensar pues el hambre obstruye mis pensamientos, creo que lo haría, y sentí una tristeza increíble, ya que yo era una de esas personas que decía, a por culpa de ellos es que tenemos los alcaldes que tenemos.
A continuación de esta charla tan profunda y solucionadora de dudas, nos sentamos los dos a almorzar y a seguir conversando de sus plantas y su familia; pero sinceramente en ese momento mi cuerpo estaba ahí, pero mis pensamientos estaban tratando de comprender todo ese dolor y horror que es tener que vender tu voto por un plato de comida y de porque la gente tenía que llegar a pasa r esa situación para poder alimentarse. Sinceramente me sentí muy culpable por esta situación y con demasiado repudio por todos los que hablamos y criticamos, pero no ayudamos en nada, las fuerzas vitales sólo nos sirven para criticar y no para ayudar.
Para terminar nuestra visita organizamos el lugar y tomamos de nuevo el bus con su iumbo fijo hacía la universidad, me despedí de Olga, le regale unas palabras de ánimo, pero realmente creo que ella me regalo muchas más cosas a mí y creo que personas como ella deberían ser ejemplos de vida en esta ciudad, que aplaude a los ladrones y conmemora a los políticos corruptos que tienen a nuestra ciudad completamente deteriorada, tanto estructuralmente, como cultural y socialmente.